Miércoles, 19 Abril 2017 16:32

El Estado y los Desastres

031n1est 1 optCómodas y facilistas respuestas de los funcionarios y burócratas sirven para salir del paso a hechos como la desgracia sufrida en el departamento del Putumayo y su capital Mocoa: “desastre causado por la naturaleza”, dicen sin tener en cuenta que las causas reales e históricas de los desastres son el mismo

ser humano en casi todos los casos y, por supuesto, la providencia de los gobiernos que no implementan políticas integrales de largo y medio plazo para prevenirlos; el crónico desprecio por el factor humano en su condición socio-económica que se traduce prácticamente en discriminaciones y penosas estratificaciones por razones económicas. Por tal razón, las víctimas de los desastres pertenecen en su mayoría a la población pobre.

El contratismo corrupto que convierte las obras públicas estructurales en enormes negociados, es causa de la mala calidad y descontinuación irresponsable de los proyectos.

La ausencia de idoneidad y de conciencia en los temas ambientales que deberían ser el eje fundamental de las políticas públicas y por eso, los funcionarios culpan a la naturaleza de todos los desastres.

abemos que la falta de respeto para con el medio ambiente y sus sistemas ecológicos, no son tenidos en cuenta para las decisiones que aprueban la destrucción de los bosques, el envenenamiento de los ríos, la violación de las reservas naturales, los páramos o los humedales; el móvil de estas destrucciones irreversibles, son los intereses económicos de mineros, petroleros, madereros, palmeros que trafican con las riquezas nacionales, a costa de la naturaleza cuya rebelión son los desastres naturales.

El caso de Mocoa, como lo dijimos, hace parte de la mala planeación de las urbes cuya concepción y construcción también es efecto del perverso interés económico y político de quienes gobiernan y contratan.

"Se lo advertí” es la tragi – cómica constancia de funcionarios locales, cuando se sabe que 18.790 del territorio nacional y más de 200 ciudades, son vulnerables a fenómenos geológicos. Basta recordar el desparpajo de quienes insisten en pavimentar los humedales de Bogotá para pensar en un desastre en la capital de la república. Pensemos en eso.

Fuente: Fundación Amigos del Planeta.

 

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